EXHIBICIONES | ACTUAL

Huella de habitá

Adrián García
Quito, Ecaudor, 1994.

Huella de hábita | Adrián García

Hay objetos que permanecen silenciosos durante años. Habitan nuestras casas y parecen confundirse con el paisaje doméstico. Sin embargo, cuando quienes los rodeaban ya no están, dejan de ser simples objetos para convertirse en depósitos de memoria. Entonces comprendemos que nunca fueron únicamente objetos, sino que eran testigos de afectos, y formas de cuidado.

En Huella de hábita, Adrián García presenta su primera exposición individual como una indagación sobre esa dimensión afectiva de los objetos. La muestra no representa el desgaste material que el tiempo imprime sobre ellos, sino las huellas invisibles que deja la experiencia compartida. A través del dibujo el artista desplaza la atención desde la utilidad del objeto hacia la memoria que este preserva. Cada línea funciona como un acto de evocación y como una forma de volver a mirar aquello que parecía ordinario hasta descubrir su historia.

El origen de este trabajo es profundamente íntimo. Los objetos reunidos en la exposición remiten a la presencia de sus abuelos: al sillón donde su abuelo le contaba historias de su vida; a los utensilios con los que su abuela preparaba la comida como una expresión cotidiana del afecto; a los juegos y actividades manuales con las que ambos alentaron su curiosidad y despertaron su vínculo con las artes plásticas. Más que representar personas, García reconstruye las huellas que dejaron en los espacios que habitaron y en los objetos que tocaron.

Bio: Adrián García (Quito, Ecuador, 1994).

En este caso, la ausencia transforma la relación con las cosas. Objetos que podría reemplazarse fácilmente se vuelven irrepetibles porque ya no encierran una función únicamente, sino que encarnan un vínculo. Un sillón deja de ser un asiento; una paila deja de ser un recipiente; un objeto cualquiera se convierte en el lugar donde aún parece habitar una voz, una conversación o un gesto. La memoria se instala entonces en la materia y hace de lo cotidiano un territorio emocional.

En este sentido, Huella de hábita no habla solamente de la pérdida, sino también de la permanencia. El dibujo actúa como un ejercicio de resistencia frente al olvido y vuelve visibles las marcas afectivas que sobreviven en los objetos proponiendo una forma de habitar la ausencia sin borrar el amor que la antecedió. Cada pieza es un intento por comprender por qué ciertos objetos continúan acompañándonos incluso cuando las personas que les dieron sentido ya no están.

María del Carmen Oleas
2026