Sergio Moscona
Del 22 de octubre al 14 de noviembre
Utilizo todos los elementos del símbolo, actuando plásticamente con radicalidad para llegar a una lectura plástica no lineal porque el arte disruptivo se nutre de la historia, pero se sostiene con sus propios pies.
Enaltezco lo silenciado, el tachón, lo borrado, los accidentes y lo omitido. Sin respetar perspectivas, dinamizo rectas en composiciones signadas por tensiones para disolver la idea de límite en el soporte o evitar al menos su estatismo.
Mi figuración presenta una superposición de tiempo y espacio en narraciones simultáneas y múltiples: personajes en yuxtaposición, repeticiones, transparencias y propuestas de focos visuales en diferentes planos que modifican la imagen. Por eso el collage, entendido de forma amplia, es la vía más propicia para expresar la disrupción.
Alineado a una mirada periférica, mi arte no busca ser convencional, ni correcto, ni bello.
Propongo desplazar las obras del centro del muro hacia los límites, al conflicto del ángulo que se genera en el encuentro de dos muros o entre ellos y el piso o el techo, para abordar situaciones plásticas poco abordadas en la pintura de caballete. También creando nuevos ángulos en la arquitectura o partes articuladas o volúmenes o salientes que generen condiciones que exijan un rol activo del espectador.
Mi arte disruptivo precisa de públicos disruptivos: propongo una experiencia de confrontación e interacción que exige al espectador una participación activa y la necesidad de desplazamiento -real o visual/mental- para el total descubrimiento y desbloqueamiento de las lecturas múltiples de una obra.
En esta exposición se presenta la serie “escrito sobre la mesa” que ilustra el abordaje que he realizado a la poesía desde la disrupción visual.
El arte disruptivo no nace de bocetos. Su cromática disruptiva es desvergonzada, vital e instintiva. Es a la vez expresiva y concreta. Da protagonismo a los espacios en blanco, los vacíos y lo inacabado.
El arte disruptivo es trágico. Aunque utilice la lúdica y el humor como fuga, liberación y descompresión de la tensión, nunca es ni será cómico. Las obras disruptivas están firmadas en cada trazo, nunca son emergente porque no se hallan en ninguna superficie y siempre son profundas. No desestabilizan la balanza hacia el consumo sino hacia el gozo.
El arte disruptivo debe ser verdadero o no es nada.










