Ernesto Salazar Rodríguez
Del 19 de febrero al 7 de marzo
“My body, pitiless place.”
Michel Foucault, Utopian Body, 1966
Foucault escribió sobre el cuerpo. Lo trató como lo opuesto a una utopía, siempre presente, siempre aquí: el cuerpo que nos encarna y nos fuerza a existir en toda su densidad, en un solo lugar. En Urea, Overgrown, la obra de Ernesto Salazar construye un cuerpo-mecanismo que no busca escapar de esa condición perpetua en el presente, sino habitarla, traduciendo la enfermedad en un ecosistema afectivo-material donde el dolor no desaparece, sino que se transforma en un gesto de autocuidado sostenido.
Conozco a Ernesto desde hace muchos años, desde la amistad honesta, desde un lugar íntimo y familiar, y es en ese espacio privilegiado donde he podido observar su práctica artística en constante maduración y desarrollo, al buscar respuestas etéreas hacia la experiencia de la enfermedad.
A través del registro de los movimientos peristálticos del cuerpo del artista, se adapta un sistema de riego que se acelera o se desacelera para responder a la temporalidad vegetal; lenta y extendida, distinta del tiempo biológico humano. Por ello, en esta instalación artística, compuesta por elementos materiales, sonoros y datos biométricos no convencionales, se articula una red de relaciones entre la fisiología humana, la tecnología y la vida vegetal. Estamos presenciando su convivencia hacia otros cuerpos vivos, respetando sus tiempos y materialidades, en un mutualismo afectivo-vegetal.
La planta que habita en esta instalación responde a prácticas de alivio frente a un padecimiento crónico de distinta índole: médicas, homeopáticas, de saberes no occidentales e incluso simbólicas. En el cuerpo humano, la urea se sedimenta y se mineraliza debido a un mal funcionamiento de los órganos, formando cristales en el sistema urinario y generando dolor. En la vida vegetal, esa misma sustancia actúa como fertilizante; así, lo que en el cuerpo es enfermedad, para la planta se vuelve suelo fértil, produciendo una paradoja entre el dolor y la posibilidad de vida.
Este texto no surge de una curaduría autoral ni de decisiones formales sobre la obra, sino de un acompañamiento cercano, construido a partir de las conversaciones íntimas y prolongadas que he tenido con Ernesto en el proceso de crear Urea, Overgrown desde cero. Ahora, la obra que se comparte al público es ambiciosa, sin ser grandilocuente. Invita a especular desde el proceso corporal y biológico, manteniéndose en lo precario y funcional. El error, la limitación y los cambios mínimos del cuerpo como un sistema proclive a la falla, al estancamiento y a la acumulación y abyección de los movimientos intestinales, de los sedimentos, los olores y los excesos que se estancan, evocando una experiencia carnal y viva, donde estos residuos son agentes activos que se desbordan y visibilizan para sanar.
Finalmente, invito a observar de cerca los materiales y soportes utilizados, ninguno es neutral. El artista los utiliza desde los procesos del cuerpo y sus extensiones. El vidrio, la cerámica y la madera sostienen lo tecnológico, construyendo una experiencia sensible, de una temporalidad compartida entre el cuerpo, la vida vegetal y la tecnología.
Brenda Vega
Curadora
Mandíbula/Jardín
Modelado en vidrio de borrosilicato, cerámica, impresión 3D en resina pintada con aerógrafo y madera
157 x 18 x 24 cm
2025










